Materia que modifica conscientemente el Universo

Yo, optimista que soy, pienso que somos la única materia conocida en el universo, capaz de modificar una sucesión de fenómenos “naturales” por voluntad consciente. No dependemos totalmente de lo fortuito, como hasta ahora ha sido el universo. Conciencia que habrá que aprovecharse
Somos, parafraseando a Sagan, que decía que “somos lo que la materia inventó para conocerse”, materia que modifica su entorno conscientemente. Gran responsabilidad de la materia que se mira a si misma y comprende que nunca nada fue así hasta donde humildemente sabemos.
Ningún planeta, ningún asteroide, ninguna estrella, galaxia, o nube cósmica ha modificado conscientemente (que sepamos) su devenir. Su inercial transformación. Somos incitadores conscientes de causalidad.

El vértigo

Selene y Jove en mi jardín

La tierra y su luna, Júpiter y dos de sus lunas, cerquita del plsneta, pequeñitas, y Antares, el corazón de Scorpio, hasta abajo. Ayer en mi jardín. clic en la foto para ampliarla.

La luna y Júpiter, desde mi jardín.

Sobre el concepto de Última Thule

El poema de Edgar Allan Poe ” Dream-Land ” (1844) comienza con la siguiente estrofa:

Por una ruta oscura y solitaria,
atormentada solo por ángeles enfermos,
donde un Eidolon, llamado Noche,
Sobre un trono negro reina verticalmente.
He llegado a estas tierras, pero recién
desde un oscuro Thule,
desde un clima extraño y salvaje, que está, sublime,
fuera del espacio, fuera del tiempo.

John Henry Wilbrandt Stuckenberg escribió sobre el tema en 1885:

¿Cuál es el ultimo Thule de la mente? ¿Qué sustancia debe considerarse primero y, por lo tanto, como la semilla del universo? ¿Qué es el Algo eterno, del cual lo temporal no es más que una manifestación? ¿Importar? ¿Espíritu? ¿Materia y espíritu? ¿Algo detrás de ambos y de donde han surgido, ni la Materia ni el Espíritu, sino su Creador? ¿O no existe en realidad ni Materia ni Espíritu, sino solo una causa agnóstica de los fenómenos erróneamente asignados por nosotros al cuerpo y la mente?

Después de pasar muchos años investigando profundamente este problema, por fin he tocado fondo. Sin dudar e incondicionalmente adopto el materialismo, y declaro que es la única y suficiente explicación del universo. Esto proporciona el único sistema completamente científico; y en ninguna otra parte que no sea en sus conclusiones legítimas, el pensamiento puede encontrar un lugar de descanso adecuado, la satisfacción completa del corazón y una base perfecta para la vida. A menos que acepte este sistema, la filosofía no será más que madera de deriva, en lugar de la corriente de pensamiento cuya corriente contiene toda la verdad. El materialismo, completo, consistente y audaz, no el tipo tímido, reservado y poco entusiasta, es la esperanza del mundo.

-  La ciencia final: o materialismo espiritual (1885) por John Henry Wilbrandt Stuckenberg (1835-1903), p. 6

Lo que no ha explicado la homeopatía

La ilusión de la dilución

¿Por qué cuando se le pregunta a un homeópata que defina, en pocas palabras, el funcionamiento de la homeopatía, desvía constantemente el tema y lo lleva a demostraciones de eficacia de su disciplina que caen sí o sí en falacias de argumento? Inmediatamente apelan a la opinión de sus pacientes, a la aceptación de la homeopatía en otros países de primer orden, como Alemania y Francia, a que tienen 200 años “sin que nadie demuestre que no funciona” (cosa que por otro lado es mentira), a que existen universidades que preparan médicos homeópatas… sin decir o aceptar lo que postula la homeopatía.

Se puede explicar en palabras sencillas el funcionamiento de los medicamentos que la medicina científica ha desarrollado. Esto es así porque están basados en el conocimiento del cuadro de una enfermedad en particular. Qué la causa, qué síntomas se presentan, por qué se presentan y se sigue avanzando en aquellas muchas que no comprendemos del todo.

Por ejemplo, podemos explicar que unos antibióticos destruyen la membrana que rodea a la bacteria que causa la enfermedad y hacen que explote (como la penicilina). Que otros antibióticos interfieren con la síntesis de proteínas de los procesos vitales de la bacteria (macrólidos) o impiden la replicación de su material genético (quinolonas) y por tanto su proliferación.

Podemos explicar varios tipos de cáncer y cómo actúa cada procedimiento médico para detener y eliminar la propagación de células cancerígenas.
Podemos explicar en párrafos cortos o videos sencillos como actúa la quimioterapia para inhibir la propagación de células con cáncer.

Podemos explicar perfectamente como actúa un antihistamínico, qué cantidad de sustancia activa se requiere, qué mecanismos físicos, químicos y biológicos intervienen en su funcionamiento y qué resultados se pueden obtener, que efectos secundarios se esperan, quienes son propensos a ellos etc.

Lo que se comprende, y sobre todo, lo que es demostrable, se puede explicar en palabras sencillas. El principio de falsabilidad en la ciencia es precisamente la necesidad de elaborar una explicación que se pueda comprobar como correcta o equivocada, para poder experimentar sobre ese supuesto. Es el sine qua non de lo demostrable.

Algo así no ha pasado en la “medicina” homeopática… durante más de 200 años. No ha podido la homeopatía desarrollar un modelo de su funcionamiento, comprobable y que se ajuste a los descubrimientos científicos que gobiernan la práctica médica, esto es, que no contradiga aquellos principios que sabemos correctos en múltiples disciplinas, como la química, la física, la biología, la genética, la biología molecular, el estudio del funcionamiento de los órganos y tejidos corporales y muchas más.

Por ejemplo, no ha podido decir algo como :
una porción infinitesimal de materia (explicando por qué debe ser así) actúa en tal parte del organismo ( o de la célula, o del sistema nervioso) causando tal y tal reacciones (definiéndolas después y explicando su mecanismo físico/biológico ) que es contraria a la que la misma sustancia, en cantidades mayores, causaría a dicho organismo.
…y después, comprobarlo con experimentos controlados y replicables.

La pregunta que ningún homeópata responde cuando se le pregunta:
¿Cómo actúa la homeopatía en el cuerpo?, ¿Cómo una “memoria en agua”, por algún mecanismo físico que seguro deberían de saber, causa efectos opuestos a los que causaría aquella sustancia que recuerda?

Si eso, que es básico en una disciplina, no pueden lograrlo, no me extraña que jamás aparezcan en los medios descubrimientos, avances, nuevas técnicas, mejoras y curas en enfermedades (cualquiera que estas sean) basadas en los postulados de la “medicina homeopática”. Todo en ella son curas en enfermedades con remisiones debidas a que cumplen un ciclo o se curan solas o por las defensas naturales del enfermo y no necesitan tratamiento , o son remisiones espontáneas de tumores.

Jamás en los medios un hallazgo homeopático del nivel del descubrimiento del ADN, o de la vacuna contra el polio, o del trasplante de corazón, o de la penicilina, que haya salvado millones de vidas.
Ningún Premio Nobel derivado de la práctica de las supuestas enseñanzas de la homeopatía.

Una gran cantidad de usuarios de homeopatía creen que ésta es medicina porque sus padres la usaron, porque ven “farmacias homeopáticas” en las calles, porque ven frasquitos que parecen medicamentos y se venden como tales. Y una gran cantidad de ellos piensan que la homeopatía está basada en la herbolaria, en lo natural, en lo orgánico y que los productos homeopáticos contienen sustancias derivadas de hierbas o semillas.

Muchos usuarios se sorprenden cuando les explicas que los medicamentos homeopáticos no contienen nada (nada) de esas sustancias… ni de ninguna otra.

Cuando les explicas que la homeopatía se basa en la creencia antigua (muy cercana a la Mágia Simpática) de que “lo similar cura lo similar” (similia similibus curentur) y que de eso se concluye, por ejemplo, que para curar una quemada, hay que usar algo que queme, muchos comienzan a dudar de que eso sea la homeopatía. Y apenas comienza lo increíble.

Peor es cuando les explicas que, hace 200 años, cuando no se sabía ni de virus ni de bacterias, a un médico alemán llamado Hahnemann se le ocurrió (así, como epifanía) que en cantidades mínimas una sustancia podría causar un efecto contrario al que causa en cantidades mayores. Hahnemann creía que las causas subyacentes de las enfermedades eran fenómenos que llamó miasmas y que los remedios homeopáticos actuaban sobre ellos. Estos son preparados por diluciones sucesivas (esto es, con cantidades cada vez menores ) de la sustancia que se cree que puede curar, en alcohol o en agua destilada, y seguidas de un enérgico golpe a un cuerpo elástico (usualmente un libro encuadernado en cuero).

Usualmente la cantidad de diluciones continúa mucho más allá del punto donde ya no permanecen moléculas de la sustancia original. Los homeópatas creen (no se puede usar otra palabra) que después de las diluciones, el agua en la que fue diluida la sustancia “recuerda” a la sustancia y entonces toman esta agua y la colocan en pastillas de azúcar o de lactosa y las venden como medicamento.

Por increíble que parezca, los laboratorios de medicamentos homeopáticos continúan haciendo esas diluciones en agua de las sustancias que suponen que curan y tienen el descaro de colocar etiquetas que indican el número de diluciones que se hicieron para cada frasco. Por supuesto los exámenes que se hacen en laboratorio para analizar esos “medicamentos” no encuentran nada de la sustancia que dice la etiqueta.

Sobre cómo es que actúa esa sustancia si ya no está ahí ni una molécula de ella, o cómo actúa (suponiendo, sin conceder,que está) en el cuerpo, y qué mecanismos hacen que esa sustancia, que supuestamente tiene un efecto contrario al que se espera que produzca en el cuerpo del enfermo, suscitan una reacción en el organismo, a nivel de tejido, de sangre, de molécula o atómico.

De esa explicación nada… nunca.

Mysterium Cosmographicum, de Kepler

Johanes Kepler.  Matemático Astrónomo, Astrólogo, y Físico Óptico. (Anónimo, 1609).

 

Además de devoto cristiano protestante, Kepler era conocedor de las ideas de los platónicos y los pitagóricos…  y astrólogo. Para ellos (como para la iglesia) la perfección del diseño de la naturaleza era dogmática. Así llegó a la conclusión de que sólo los cinco sólidos platónicos tenían las propiedades necesarias para contener las órbitas de cada uno de los planetas. En su modelo situó al sol en el centro de las esferas planetarias y éstas se encontraban separadas entre si sucesivamente por un octaedro, un dodecaedro, un tetraedro y un hexaedro.

En su obra Mysterium Cosmographicum, escribe:

La Tierra es el patrón de todas las otras esferas.  Circunscribamos un dodecaedro en ella, y la esfera que lo rodea será la de Marte; circunscribamos un tetraedro en la esfera de Marte y la esfera que lo rodea será la de Júpiter, circunscribamos un cubo en la esfera de Júpiter, la esfera que lo rodea será la de Saturno.  Coloquemos ahora un icosaedro dentro de la esfera de la Tierra y entonces su esfera inscrita será la de Venus; coloquemos un octaedro dentro de la esfera de Venus y la esfera en que se inscribe será la de Mercurio.

Lámina desplegada en el libro Mysterium Cosmographicum,  con el famoso grabado explicando la concepción kepleriana del universo, basado en esferas concéntricas y los sólidos platónicos.
Mi interpretación del grabado de Kepler. (Clic para zoom).

Como todos sus esfuerzos por adecuar los resultados de sus cálculos a esa representación fueron fallidos, años después intento encontrar la estructura del universo por medio del estudio de la relación que guardan las armonías de la escala musical, regresando así a la idea pitagórica de la música de las esferas y de las relaciones místicas.

Tiempo después, con datos muy precisos sobre los movimientos planetarios recogidos por Tyco Brahe, trató de confirmar que los planetas se movían en esferas concéntricas describiendo órbitas circulares. Los datos de los movimientos que tenía a la mano comenzaron a contradecir sus espectativas, y tras años de estudios, logró vislumbrar el primer paso matemático a la comprensión del movimiento del sistema solar. Llegó a la conclusión de que sólo el movimiento elíptico explicaba los movimientos aparentemente extraños de los planetas cuando aparentaban regresar en su camino por el cielo. Estas órbitas se ajustaron también a la idea copernicana, ya aceptada por él, de que todos, incluida la tierra, giraban alrededor del sol.

Cuando promulgó su primera ley del movimiento planetario, las autoridades eclesiásticas se negaron a aceptar que la elipse y no la perfección de la circunferencia eran el camino imperfecto escogido por dios para el movimiento planetario. Sin embargo fue evidente que así se explicaba elegante y sencillamente lo que durante siglos de observación nadie pudo columbrar.

Las tres leyes de Kepler sobre el movimiento planetario:

  • Primera Ley de Kepler: Todos los planetas se mueven alrededor del Sol siguiendo órbitas elípticas. El Sol está en uno de los focos de la elipse.

Kepler descubre y explica que los planetas se mueven más lentamente mientras más alejados están el sol:

  • Segunda Ley de Kepler: Los planetas se mueven con velocidad areolar constante. Es decir, el vector posición r de cada planeta con respecto al Sol barre áreas iguales en tiempos iguales.
Representación gráfica de las leyes de Kepler. El Sol está situado en uno de los focos. En tiempos iguales, las áreas barridas por el planeta son iguales. Por lo tanto, el planeta se moverá más rápidamente cerca del Sol. (Wikipedia)

Se puede demostrar que el momento angular es constante lo que nos lleva a las siguientes conclusiones:

Las órbitas son planas y estables.

Se recorren siempre en el mismo sentido.

La fuerza que mueve los planetas es central.

  • Tercera Ley de Kepler: Se cumple que para todos los planetas, la razón entre el periodo de revolución al cuadrado y el semieje mayor de la elipse al cubo se mantiene constante.

Con estas leyes Kepler consiguió que los hechos científicos se antepusieran a sus deseos y prejuicios religiosos sobre la naturaleza del mundo. A partir de entonces Kepler se dedicó únicamente a observar los datos y a sacar conclusiones sin ideas preconcebidas.

Kepler desechó sus anteriores ideas, siendo heróicamente fiel a las evidencias, por encima de sus creencias, para convertirse en ejemplo de racionalidad científica.

El sentido común y sus fallos

¿Por que no debemos confiar en lo que “intuitivamente” consideramos que está correcto?, por ej. en las medicinas “alternativas” o en las explicaciones “lógicas” de “ideas conspiracionistas”
Encontrar respuestas fáciles a problemas complejos no lleva a buenos resultados…
Los seres humanos tenemos una capacidad natural para hallar patrones en la naturaleza. Con esos patrones tomamos decisiones que en el caso de la supervivencia, deben ser casi inmediatas sin mucho juicio de por medio. Es una parte de lo que llamamos intuición, y de la que ha dependido nuestra persistencia evolutiva. Sin embargo, desde que desarrollamos un repositorio de conocimientos comprobados, técnicas de cálculo y experimentación que llamamos cultura, no dependemos totalmente de la generación de esos patrones que se han demostrado erróneos en muchísimos casos o sobre-simplificadores, por decir lo menos. Para una primera etapa de mantenerse vivos, actuar con esos patrones de reconocimiento es suficiente (en la mayoría de los casos) porque se han pulido por millones de años. Pero resulta que para el nivel de reconocimiento que nuestra realidad contemporánea nos demanda, ese modo de actuar en base a patrones e ideas simples no es suficiente, sino que, además de todo es peligroso. Hablo más de ese tópico aquí:

Pensar fuera de la caja

Falsos testimonios y falta de criterio en redes


Whatsapp, Facebook y en menor medida Tweeter, están pantanosamente inundadas de memes, reenvíos, cadenas y opiniones que la inmensa mayoría de usuarios propaga:

– Noticias del tipo “que mal estamos”
– “Que mal gobierno saliente/entrante”
– Memes de buen rollismo “positivo” con “filosofía” edulcorante. En otras palabras, creen que pensar positivamente cura enfermedades, evita accidentes y evade en general las leyes de la física.
– Mentiras sobre salud disfrazadas de ciencia o “sabiduría popular”
– Perogrulladas con tono de libraco de auto-ayuda “firmadas” (atribuidas erróneamente) por un autor famoso
– Amarillismo sobre fenómenos “astronómicos” que abusa de la falta de pensamiento crítico

En general, el copiar/pegar/”compartir” sin el menor esfuerzo por comprobar la veracidad, la fuente correcta, la intención subyacente o la calidad de la “información”.
Calificar en base a sesgos cognitivos, a creencias, a emociones y costumbres ancladas en prejuicios.
“Compartir” (propagar) sin emitir juicio u opinión personal, sino solo lanzar la piedra y esconder la mano.
Pegar algo en el muro FB o en un grupo de Wathsapp es para muchos presumir como si ellos hubieran escrito eso. Creen que obtienen fama por ser los primeros de su entorno en dar la noticia, contar el chiste o alarmar.
Pero nunca escriben algo propio.
Nunca emiten opinión.
Nunca explican que comparten algo que hará mejor el día o la vida a sus conocidos porque ellos se tomaron la molestia de investigar que es cierto lo que ponen….ni intentan demostrarlo. Se convierten en vehículos zombies de ideas alarmantes, peligrosas o francamente mentirosas. Y lo peor es que “creen” fervientemente que dicen algo correcto.
Tener buenas intenciones no lo convierte a uno en buena gente.
Abundan (son los más) los ignorantes bienintencionados que propagan conceptos que nos atrasan como sociedad. Echan al traste como si nada, el trabajo racional, científico, basado en años de estudiar un tema y nos sumergen en un nuevo oscurantismo digital torpe, chabacano, inmediato, dando explicaciones simples a problemáticas complejas en las que el “sentido común” ya no funciona.
Desparraman placebos que palian por breves momentos los síntomas de malestares crónicos, políticos, de salud, del desánimo emocional de nuestras grandes urbes. Pero nunca resuelven las causas. Nunca diagnostican en base a evidencias. Nunca proponen nada cuando se quejan.
No está mal contagiar ánimo, alegría, o convidar una buena foto a mis conocidos. Contar uno que otro chiste o presumir unas vacaciones o un a un hijo que se gradúa. Por eso son redes sociales. Pero invito a no pegar nada en sus muros que nos sumerja en la paranoia, el conspiracionismo o los miedos irracionales. Aprendamos a tener criterio propio y no rebotar las ideas (buenas o malas) de los demás sin pasarlas por el tamiz del juicio crítico y el pensamiento racional