Pesimismo vs. Realismo

En un artículo aparecido en HumanProgress, Marian L. Tupy escribe sobre la percepción psicológica del pesimismo.
Me permito traducir su artículo porque me parece escencial en estos tiempos de bombardeo de fakenews y de desestabilización social por bulos y noticias sensacionalistas. El artículo de marras se puede encontrar en inglés enhttps://humanprogress.org/article.php?p=2605
y esta es mi traducción:

Es importante reconocer nuestras predisposiciones pesimistas para que podamos sobreponernos a ellas.

En una crisis el Pesimismo es natural pero el Realismo es crucial

Con el “encierro” por el COVID-19 sobre nosotros, la ansiedad y la depresión están en aumento. Sería irresponsable minimizar los riesgos que representa el coronavirus para la salud y la economía de Estados Unidos. Pero el pesimismo excesivo tampoco interesa a nadie. Los problemas y sus supuestas soluciones deben evaluarse fría y desapasionadamente. Los hechos, la lógica, la razón y la ciencia, no las emociones, deben guiarnos en este momento de problemas.

Desafortunadamente, algunos de nuestros impulsos más básicos evolucionaron en un momento en que el mundo era muy diferente al nuestro. “Nuestros cráneos modernos albergan una mente de la edad de piedra”, señalan Leda Cosmides y John Tooby de la Universidad de California en Santa Bárbara. La mente puede ser decididamente dañina al ayudarnos a abordar los problemas actuales, incluidos los de ansiedad y depresión.

¿Qué tipo de “hábitos de la mente” hemos desarrollado durante los cientos de milenios que pasamos viviendo en un mundo que era más inhóspito que el nuestro? Primero, hemos evolucionado para priorizar las malas noticias. “Los organismos que tratan las amenazas como más urgentes que las oportunidades”, escribió el eminente psicólogo de la Universidad de Princeton Daniel Kahneman en su libro de 2011 Thinking, Fast and Slow , “tienen una mejor oportunidad de sobrevivir y reproducirse”. Ese es un impulso muy poderoso que puede engañar incluso a los observadores más desapasionados y racionales.

Como Mark Trussler y Stuart Soroka de la Universidad McGill en Canadá encontraron en su artículo de 2014 ” Demanda del consumidor de noticias cínicas y negativas”, incluso cuando las personas expresamente dicen que están interesadas más en buenas noticias, los experimentos de seguimiento de los ojos muestran que en realidad están mucho más interesado en malas noticias.”Independientemente de lo que digan los participantes”, concluyen los autores del estudio, las personas “exhiben una preferencia por el contenido de noticias negativas”.

Así, cuando lea las noticias, asegúrese de que además de leer sobre el último recuento de muertes COVID-19, también aliméntese con los últimos avances tecnológicos, médicos y científicos que pondrán fin a la pandemia.

En segundo lugar, como señaló el psicólogo Steven Pinker de la Universidad de Harvard en su libro “Enlightenment Now: The Case for Reason, Science, Humanism and Progress” de 2018 , la naturaleza de la cognición y la naturaleza de las noticias interactúan de maneras que nos hacen pensar que el mundo es peor de lo que realmente es. Después de todo, las noticias tratan sobre cosas que suceden. Las cosas que no sucedieron no se informan. Como él señala, “nunca vemos a un periodista que le diga a la cámara: ‘Aquí estamos, transmitiendo en vivo desde un país donde no ha estallado una guerra'”. Los periódicos y otros medios, en otras palabras, tienden a centrarse en lo negativo. Como dice el viejo adagio periodístico: “Si lleva sangre, te jala”.

Recuerde que además de los horrores de COVID-19, todavía hay muchas cosas buenas en el mundo. Sí, incluso en medio de una pandemia, las personas se enamoran, dan a luz bebés sanos y ayudan a los extraños a sobrevivir.

En tercer lugar, los medios rara vez proporcionan un análisis “comparado con…” o ponen eventos terribles en su¨”propio” contexto. El coronavirus es mortal, pero no es la peste bubónica, que tenía una tasa de mortalidad del 50 por ciento, o la peste septicémica, que tenía una tasa de mortalidad del 100 por ciento. Afortunadamente para el bienestar a largo plazo de nuestra especie, hemos despertado ante el peligro mortal que representan las enfermedades transmisibles por un virus mucho más leve. Con suerte, los gobiernos y el sector privado desplegarán recursos humanos y financieros para garantizar que la próxima vez estemos listos. Se cambiarán las leyes y se racionalizarán las regulaciones para garantizar que seamos más diligentes, es decir, más rápidos, para responder a futuras emergencias.

Cuarto, la llegada de las redes sociales hace que las malas noticias sean inmediatas y más íntimas. Hasta hace relativamente poco, la mayoría de la gente sabía muy poco acerca de las innumerables guerras, plagas, hambrunas y catástrofes naturales que ocurren en partes distantes del mundo. En 1759, el filósofo escocés Adam Smith escribió en su Teoría de los sentimientos morales :

“El desastre más frívolo que podría ocurrir [a un hombre] podrá ocasionar una perturbación más real. Si estuviera por perder su dedo meñique mañana, no dormiría esta noche; pero, si nunca la vio, roncará con la más profunda seguridad sobre la ruina de cien millones de sus hermanos, y la destrucción de esa inmensa multitud parece claramente un objeto menos interesante para él que su miserable desgracia”.

Sin embargo, como estamos descubriendo rápidamente, Internet en general y las redes sociales en particular también nos permiten trabajar, manteniendo la distancia social. Nos permite aprender sobre el sufrimiento de los demás, incluidos los que están en lugares distantes, y acudir en su ayuda.

Quinto, el cerebro humano también tiende a sobrestimar el peligro debido a lo que los psicólogos llaman “la heurística de disponibilidad” o un proceso de estimación de la probabilidad de un evento en función de la facilidad con la que vienen a la mente las instancias relevantes. Desafortunadamente, la memoria humana recuerda eventos por razones distintas a su tasa de recurrencia. Cuando aparece un evento porque es traumático, el cerebro humano sobreestimará la probabilidad de que se repita.

En este momento, decenas de miles de personas están luchando por sus vidas con la ayuda de ventiladores. Otros han perdido esa pelea. Si bien ese resultado es trágico, no asuma de inmediato que ese es el destino que le espera. Para mantener a raya la depresión y la ansiedad, piense en las decenas de miles de personas que se están recuperando.

Sexto, como descubrieron los psicólogos Roy Baumeister de la Universidad de Queensland y Ellen Bratslavsky del Cuyahoga Community College, “lo malo es más fuerte que lo bueno”. Considera cuánto más feliz se puede sentir si lo imagina. Entonces considere: ¿cuánto más abatido se puede sentir si lo imagina? La respuesta a la última pregunta es: infinitamente. La investigación muestra que las personas temen las pérdidas más de lo que se deleitan en las ganancias; insistir en los contratiempos más de lo que disfrutan los éxitos; Resienten las críticas más de lo que se sienten alentados por los elogios.

Trate de no detenerse en los peores escenarios de COVID-19 y recuerde siempre que, estadísticamente hablando, la mayoría de las personas tienen una buena oportunidad de superar la pandemia sin mostrar síntomas menores de la enfermedad.

Séptimo, las cosas buenas y malas tienden a suceder en diferentes líneas de tiempo. Cosas malas, como el estallido de una pandemia, pueden suceder rápidamente. Las cosas buenas, como los avances que la humanidad ha hecho en la lucha contra el VIH / SIDA, tienden a suceder de manera incremental y durante un largo período de tiempo. Como Kevin Kelly dela revista Wired dijo, “Desde la Ilustración y la invención de la Ciencia, ‘hemos conseguido crear un poquito más de lo que hemos destruido cada año’. Pero esa pequeña diferencia positiva compone durante décadas lo que podríamos llamar civilización … [El progreso] es una acción de “auto-tapado” que se ve solo en retrospectiva “.

Con ese fin, recuerde que nuestra especie ha erradicado o casi erradicado la viruela, el cólera, la fiebre tifoidea, el sarampión, la poliomielitis y la tosferina. Hemos avanzado mucho en nuestra lucha contra la malaria y el VIH / SIDA. Y la velocidad de nuestros éxitos está aumentando. La primera evidencia creíble de viruela proviene de la India en 1500 a. C. La enfermedad fue erradicada en 1980. Eso es 3mil quinientosl años de sufrimiento. En 1980, comenzamos a aprender sobre el VIH / SIDA. Para 1995, teníamos la primera generación de medicamentos que mantenían con vida a las personas infectadas. Son 15 años de sufrimiento. La epidemia de ébola se extendió entre 2014 y 2016. La primera vacuna contra el ébola fue aprobada en los Estados Unidos en diciembre de 2019. Eso es cinco años de sufrimiento. En diciembre pasado, el coronavirus no tenía nombre. Hoy en día, se están realizando ensayos en humanos para la vacuna contra el coronavirus en todo el mundo.

Octavo, los humanos también padecen una peculiaridad psicológica conocida con nombres como “punto de inflexión”, extrapolación de pesimismo o la ilusión del final de la historia. Como observó el ex columnista financiero del Wall Street Journal Morgan Housel, incluso las personas que son conscientes del progreso que la humanidad ha hecho en el pasado, “subestiman nuestra capacidad de cambiar en el futuro”. “Si usted subestima nuestra capacidad de adaptación a situaciones insostenibles”, ha apuntado, “que encontrará todo tipo de cosas que en la actualidad se ven mal y pueden ser extrapoladas a desastroso. Extrapolar los aumentos de inscritos a educación universitaria y será prohibitivamente caro en 10 años. Extrapolar los déficits gubernamentales ye que estaremos en bancarrota en 30 años. Extrapolar una recesión y que estaremos quebrados después de poco tiempo. Todos estos podrían ser motivos de pesimismo si no se asume ningún cambio o adaptación en el futuro. Lo cual es una locura, dada nuestra larga historia de cambio y adaptación”. De hecho los humanos han cambiado y se han adaptado en el pasado y lo haremos y prosperaremos una vez más.

Finalmente, mantenga su ánimo en alto. Los humanos, a diferencia de otros miembros del reino animal, son seres inteligentes que tienen la capacidad única de innovar para salir de problemas apremiantes. Hemos desarrollado formas sofisticadas de cooperación que aumentan nuestras posibilidades no solo de sobrevivir, sino de prosperar. En otras palabras, existen motivos racionales para el optimismo sobre el futuro. Y si bien es cierto que, como a los corredores financieros les gusta decir, el rendimiento pasado no es una guía para el rendimiento futuro, tenga en cuenta las palabras del historiador y estadista británico Thomas Babington Macaulay, quien escribió en 1830:

“ En todas las épocas, todos saben que hasta su propio tiempo, se han producido mejoras progresivas; nadie parece contar con ninguna mejora en la próxima generación. No podemos probar absolutamente que están equivocados quienes dicen que la sociedad ha llegado a un punto de inflexión, que hemos visto ya nuestros mejores días. Pero así lo dijeron todos los que vinieron antes que nosotros y con la misma razón aparente. … ¿Dónde está escrito que con solo mejoras detrás de nosotros, no debemos esperar nada más que deterioro ante nosotros?”

A medida que avanza el encierro por COVID-19, recuerde todas las diferentes formas en que su mente puede estar jugando con trucos. Reconocer que usted es un miembro de una especie que siempre en la búsqueda de peligro y que su predisposición hacia lo negativo proporciona un mercado para los proveedores de malas noticias. El sesgo de negatividad está profundamente arraigado en nuestros cerebros. No se puede sacudir de nosotros. Lo mejor que podemos hacer es darnos cuenta de que estamos sufriendo por ello.

Marian L. Tupy es analista senior de políticas en el Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Instituto Cato, y editora de HumanProgress.org.

 

Lo que no ha explicado la homeopatía

La ilusión de la dilución

¿Por qué cuando se le pregunta a un homeópata que defina, en pocas palabras, el funcionamiento de la homeopatía, desvía constantemente el tema y lo lleva a demostraciones de eficacia de su disciplina que caen sí o sí en falacias de argumento? Inmediatamente apelan a la opinión de sus pacientes, a la aceptación de la homeopatía en otros países de primer orden, como Alemania y Francia, a que tienen 200 años “sin que nadie demuestre que no funciona” (cosa que por otro lado es mentira), a que existen universidades que preparan médicos homeópatas… sin decir o aceptar lo que postula la homeopatía.

Se puede explicar en palabras sencillas el funcionamiento de los medicamentos que la medicina científica ha desarrollado. Esto es así porque están basados en el conocimiento del cuadro de una enfermedad en particular. Qué la causa, qué síntomas se presentan, por qué se presentan y se sigue avanzando en aquellas muchas que no comprendemos del todo.

Por ejemplo, podemos explicar que unos antibióticos destruyen la membrana que rodea a la bacteria que causa la enfermedad y hacen que explote (como la penicilina). Que otros antibióticos interfieren con la síntesis de proteínas de los procesos vitales de la bacteria (macrólidos) o impiden la replicación de su material genético (quinolonas) y por tanto su proliferación.

Podemos explicar varios tipos de cáncer y cómo actúa cada procedimiento médico para detener y eliminar la propagación de células cancerígenas.
Podemos explicar en párrafos cortos o videos sencillos como actúa la quimioterapia para inhibir la propagación de células con cáncer.

Podemos explicar perfectamente como actúa un antihistamínico, qué cantidad de sustancia activa se requiere, qué mecanismos físicos, químicos y biológicos intervienen en su funcionamiento y qué resultados se pueden obtener, que efectos secundarios se esperan, quienes son propensos a ellos etc.

Lo que se comprende, y sobre todo, lo que es demostrable, se puede explicar en palabras sencillas. El principio de falsabilidad en la ciencia es precisamente la necesidad de elaborar una explicación que se pueda comprobar como correcta o equivocada, para poder experimentar sobre ese supuesto. Es el sine qua non de lo demostrable.

Algo así no ha pasado en la “medicina” homeopática… durante más de 200 años. No ha podido la homeopatía desarrollar un modelo de su funcionamiento, comprobable y que se ajuste a los descubrimientos científicos que gobiernan la práctica médica, esto es, que no contradiga aquellos principios que sabemos correctos en múltiples disciplinas, como la química, la física, la biología, la genética, la biología molecular, el estudio del funcionamiento de los órganos y tejidos corporales y muchas más.

Por ejemplo, no ha podido decir algo como :
una porción infinitesimal de materia (explicando por qué debe ser así) actúa en tal parte del organismo ( o de la célula, o del sistema nervioso) causando tal y tal reacciones (definiéndolas después y explicando su mecanismo físico/biológico ) que es contraria a la que la misma sustancia, en cantidades mayores, causaría a dicho organismo.
…y después, comprobarlo con experimentos controlados y replicables.

La pregunta que ningún homeópata responde cuando se le pregunta:
¿Cómo actúa la homeopatía en el cuerpo?, ¿Cómo una “memoria en agua”, por algún mecanismo físico que seguro deberían de saber, causa efectos opuestos a los que causaría aquella sustancia que recuerda?

Si eso, que es básico en una disciplina, no pueden lograrlo, no me extraña que jamás aparezcan en los medios descubrimientos, avances, nuevas técnicas, mejoras y curas en enfermedades (cualquiera que estas sean) basadas en los postulados de la “medicina homeopática”. Todo en ella son curas en enfermedades con remisiones debidas a que cumplen un ciclo o se curan solas o por las defensas naturales del enfermo y no necesitan tratamiento , o son remisiones espontáneas de tumores.

Jamás en los medios un hallazgo homeopático del nivel del descubrimiento del ADN, o de la vacuna contra el polio, o del trasplante de corazón, o de la penicilina, que haya salvado millones de vidas.
Ningún Premio Nobel derivado de la práctica de las supuestas enseñanzas de la homeopatía.

Una gran cantidad de usuarios de homeopatía creen que ésta es medicina porque sus padres la usaron, porque ven “farmacias homeopáticas” en las calles, porque ven frasquitos que parecen medicamentos y se venden como tales. Y una gran cantidad de ellos piensan que la homeopatía está basada en la herbolaria, en lo natural, en lo orgánico y que los productos homeopáticos contienen sustancias derivadas de hierbas o semillas.

Muchos usuarios se sorprenden cuando les explicas que los medicamentos homeopáticos no contienen nada (nada) de esas sustancias… ni de ninguna otra.

Cuando les explicas que la homeopatía se basa en la creencia antigua (muy cercana a la Mágia Simpática) de que “lo similar cura lo similar” (similia similibus curentur) y que de eso se concluye, por ejemplo, que para curar una quemada, hay que usar algo que queme, muchos comienzan a dudar de que eso sea la homeopatía. Y apenas comienza lo increíble.

Peor es cuando les explicas que, hace 200 años, cuando no se sabía ni de virus ni de bacterias, a un médico alemán llamado Hahnemann se le ocurrió (así, como epifanía) que en cantidades mínimas una sustancia podría causar un efecto contrario al que causa en cantidades mayores. Hahnemann creía que las causas subyacentes de las enfermedades eran fenómenos que llamó miasmas y que los remedios homeopáticos actuaban sobre ellos. Estos son preparados por diluciones sucesivas (esto es, con cantidades cada vez menores ) de la sustancia que se cree que puede curar, en alcohol o en agua destilada, y seguidas de un enérgico golpe a un cuerpo elástico (usualmente un libro encuadernado en cuero).

Usualmente la cantidad de diluciones continúa mucho más allá del punto donde ya no permanecen moléculas de la sustancia original. Los homeópatas creen (no se puede usar otra palabra) que después de las diluciones, el agua en la que fue diluida la sustancia “recuerda” a la sustancia y entonces toman esta agua y la colocan en pastillas de azúcar o de lactosa y las venden como medicamento.

Por increíble que parezca, los laboratorios de medicamentos homeopáticos continúan haciendo esas diluciones en agua de las sustancias que suponen que curan y tienen el descaro de colocar etiquetas que indican el número de diluciones que se hicieron para cada frasco. Por supuesto los exámenes que se hacen en laboratorio para analizar esos “medicamentos” no encuentran nada de la sustancia que dice la etiqueta.

Sobre cómo es que actúa esa sustancia si ya no está ahí ni una molécula de ella, o cómo actúa (suponiendo, sin conceder,que está) en el cuerpo, y qué mecanismos hacen que esa sustancia, que supuestamente tiene un efecto contrario al que se espera que produzca en el cuerpo del enfermo, suscitan una reacción en el organismo, a nivel de tejido, de sangre, de molécula o atómico.

De esa explicación nada… nunca.

El sentido común y sus fallos

¿Por que no debemos confiar en lo que “intuitivamente” consideramos que está correcto?, por ej. en las medicinas “alternativas” o en las explicaciones “lógicas” de “ideas conspiracionistas”
Encontrar respuestas fáciles a problemas complejos no lleva a buenos resultados…
Los seres humanos tenemos una capacidad natural para hallar patrones en la naturaleza. Con esos patrones tomamos decisiones que en el caso de la supervivencia, deben ser casi inmediatas sin mucho juicio de por medio. Es una parte de lo que llamamos intuición, y de la que ha dependido nuestra persistencia evolutiva. Sin embargo, desde que desarrollamos un repositorio de conocimientos comprobados, técnicas de cálculo y experimentación que llamamos cultura, no dependemos totalmente de la generación de esos patrones que se han demostrado erróneos en muchísimos casos o sobre-simplificadores, por decir lo menos. Para una primera etapa de mantenerse vivos, actuar con esos patrones de reconocimiento es suficiente (en la mayoría de los casos) porque se han pulido por millones de años. Pero resulta que para el nivel de reconocimiento que nuestra realidad contemporánea nos demanda, ese modo de actuar en base a patrones e ideas simples no es suficiente, sino que, además de todo es peligroso. Hablo más de ese tópico aquí:

Pensar fuera de la caja

Falsos testimonios y falta de criterio en redes


Whatsapp, Facebook y en menor medida Tweeter, están pantanosamente inundadas de memes, reenvíos, cadenas y opiniones que la inmensa mayoría de usuarios propaga:

– Noticias del tipo “que mal estamos”
– “Que mal gobierno saliente/entrante”
– Memes de buen rollismo “positivo” con “filosofía” edulcorante. En otras palabras, creen que pensar positivamente cura enfermedades, evita accidentes y evade en general las leyes de la física.
– Mentiras sobre salud disfrazadas de ciencia o “sabiduría popular”
– Perogrulladas con tono de libraco de auto-ayuda “firmadas” (atribuidas erróneamente) por un autor famoso
– Amarillismo sobre fenómenos “astronómicos” que abusa de la falta de pensamiento crítico

En general, el copiar/pegar/”compartir” sin el menor esfuerzo por comprobar la veracidad, la fuente correcta, la intención subyacente o la calidad de la “información”.
Calificar en base a sesgos cognitivos, a creencias, a emociones y costumbres ancladas en prejuicios.
“Compartir” (propagar) sin emitir juicio u opinión personal, sino solo lanzar la piedra y esconder la mano.
Pegar algo en el muro FB o en un grupo de Wathsapp es para muchos presumir como si ellos hubieran escrito eso. Creen que obtienen fama por ser los primeros de su entorno en dar la noticia, contar el chiste o alarmar.
Pero nunca escriben algo propio.
Nunca emiten opinión.
Nunca explican que comparten algo que hará mejor el día o la vida a sus conocidos porque ellos se tomaron la molestia de investigar que es cierto lo que ponen….ni intentan demostrarlo. Se convierten en vehículos zombies de ideas alarmantes, peligrosas o francamente mentirosas. Y lo peor es que “creen” fervientemente que dicen algo correcto.
Tener buenas intenciones no lo convierte a uno en buena gente.
Abundan (son los más) los ignorantes bienintencionados que propagan conceptos que nos atrasan como sociedad. Echan al traste como si nada, el trabajo racional, científico, basado en años de estudiar un tema y nos sumergen en un nuevo oscurantismo digital torpe, chabacano, inmediato, dando explicaciones simples a problemáticas complejas en las que el “sentido común” ya no funciona.
Desparraman placebos que palian por breves momentos los síntomas de malestares crónicos, políticos, de salud, del desánimo emocional de nuestras grandes urbes. Pero nunca resuelven las causas. Nunca diagnostican en base a evidencias. Nunca proponen nada cuando se quejan.
No está mal contagiar ánimo, alegría, o convidar una buena foto a mis conocidos. Contar uno que otro chiste o presumir unas vacaciones o un a un hijo que se gradúa. Por eso son redes sociales. Pero invito a no pegar nada en sus muros que nos sumerja en la paranoia, el conspiracionismo o los miedos irracionales. Aprendamos a tener criterio propio y no rebotar las ideas (buenas o malas) de los demás sin pasarlas por el tamiz del juicio crítico y el pensamiento racional

La fe

La fe es el autoengaño más complaciente.
Es interesado, cómodo (en términos de fin último, lo es aún en los mártires), no requiere de esfuerzo mental y solo se sostiene con sesgos de confirmación.
Deja a la duda en el cajón de los inservibles, y la considera un estorbo molesto.
Escoger creer es una cuestión práctica para la vida diaria. Como otros escogen tener confianza en quien estudia medicina o física sin estudiarla ellos. Es apagar el documental científico y “dedicarse a vivir”. No todos tienen vena filosófica ni tiempo. Bien por ellos mientras de ahí no pase.
Otra cosa son quienes viven de aumentar la culpa, la parafernalia de símbolos y cacharrería supersticiosa y el ritual. O los iconoclastas de diversos credos que han convertido un libro antiguo en objeto mágico poseedor de verdad y camino y le atribuyen poder profético. Un objeto al que nadie puede osar contradecir, criticar, o colocar junto con otros bien intencionados pero equívocos o caducos. Convenciendo a otros de que poseen esa verdad por revelación. Enemistando por segregación, por odio al diferente, tribalizando. De la misma catadura que quienes reniegan de la acumulación de conocimiento científico, apelando a una supuesta soberbia de quien se dedica a saber, a entender lo que llamamos realidad y a utilizarlo en beneficio de todos…incluidos quienes solo tienen fe.

Sobre las opiniones de un premio Nobel

Ahora que tengo un poco de tiempo, me gustaría retomar el tema de la homeopatía con referencia a lo que opinó un amigo en un grupo de WhatsApp.
Pongo aquí el mensaje que colocó en la app:

“Bueno yo no soy homeópata, pero mi papá si y les quiero pasar comentarios de lo que el premio Nobel de medicina dice de la homeopatía… y que Yo soy testigo de la curación de muchísimos pacientes desahuciados , incluyendo un bebé prematuro con acta de defunción en medio de 4 doctores que se resistían a usar la homeopatía, pero cedieron al dar el caso por imposible. Si mi padre hoy con 78 años de edad sale a la fecha de ver pacientes a las 12 de la noche, y muchas veces hasta a las 4 am , y sus pacientes viajan de otros países para ser atendidos, y en cientos de años no deja de ser utilizada la homeopatía (siempre y cuando no sea un dr charlatan) es por que la gente se está curando. Y si estudian más a fondo descubren que todos los estudios que desacreditan la homeopatía tienen fallas metodológicas. En todos los casos les falta información clave del resultado de dichos pseudo estudios… sólo avanzan debido a intereses económicos, ya que siendo una medicina muy económica, no puede competir directamente… con gusto puedo ponerlos frente a un buen homeópata si tienen un anti homeópata suficientemente preparado para el tema… Saludos, y no estoy enojado, solo mejor informado por razones obvias…”

Y al final colocaba el artículo de un periódico que hablaba sobre las opiniones del virólogo francés laureado con el Nobel, Luc Montaigner, sobre un estudio (bastante anterior al articulo del periódico, lo leí hace unos 10 años) donde concluye que el agua en cierto ADN bacterial tiene memoria de electromagnetismo. He aquí el artículo:
http://www.elcorreodelsol.com/me-cuido-natural/el-premio-nobel-luc-montagnier-defiende-la-homeopatia

Dado que es un tema importante que del cual la gente común debería estar enterada de las diferentes posiciones, me atrevo a comentar sobre lo allí expresado. Dice una supuesta “Ley de la Asimetría de Brandolino” que “La cantidad de energía necesaria para refutar un argumento sin fundamento es de un orden de magnitud superior a la necesaria para crear dicho argumento”, por lo que pido paciencia para explicar mi opinión sobre los varios puntos que un párrafo tan pequeño obligó a extenderme, dada la complejidad de las ideas malencaminadas.

Para comenzar, me parece importante mencionar que los homeópatas suelen utilizar varias falacias de lógica argumental y fallos de razonamiento crítico. En el párrafo que nos comenta el autor del mensaje, hay varios y muy importantes. Es necesario primero mencionarlos y luego dar mi opinión con respecto a lo que dice Montagnier, el premio Nobel al que hace referencia, sobre sus investigaciones.

Primero. Falacia de autoridad o ad verecundiam,
(Nota: menciono los latinajos no para ser pedante, sino porque son conocidos yerros en la lógica agumental que es necesario saber de su existencia para de armar correctamente nuestras argumentaciones. Todos caemos constantemente en ellos. Son formas de no debatir puntualmente el argumento).
Creer que porque lo dice un premio Nobel es cierto lo que asevera es un error. Aún los premios Nobel se equivocan. Aún Einstein se equivocó varias veces. Al final coloco una liga para ver un artículo que habla sobre los patinazos que han dado los premiados con el Nobel. La ciencia no distingue entre titulados, premiados, connotados o legos. Se basa en evidencias y en estudios controlados falsables, que sea posible reproducir por cualquiera y que provengan de estudios revisados “por pares” (peer view) y publicados en medios de probada ética y aceptación por una comunidad de científicos sin otra motivación que el amor al conocimiento verificable o a la datación de hechos basados en evidencia. “La verdad es verdad dígala Agamenón o su porquero”. Dado que se sabe que los humanos (todos) somos proclives al error, a la mala interpretación (por sesgos cognitivos inevitables) y a posibles interpretaciones con interés manifiesto, el hombre invento la ciencia para no engañarse a si mismo. Ya hablaré del estudio en si, sin importar si fue premio Nobel o no. (por cierto, su premio fue por descubrir el virus del VIH, cosa que nada tiene que ver con la homeopatía. De hecho, la homeopatía considera que las enfermedades son causadas por miasmas,no por virus)

Segundo. Falacia ad populum. Es una falacia que implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a la supuesta opinión que de ello tiene la gente en general, en lugar de al argumento por sí mismo.
Este fallo argumental, suele reforzárse con anécdotas y opiniones personales a manera de testimonios. Que quede claro, las opiniones y las anécdotas (aún las vividas personalmente) no son prueba da nada. En el párrafo de mi amigo, se dice que los estudios que desacreditan la homeopatía tienen fallas metodológicas y a renglón seguido se opina que “la gente viaja de otros países” para tratarse con la homeopatía, como si eso fuera un argumento de mayor peso (y sin fallas metodológicas) que estudios publicados y que son motivo constante de reproducción en laboratorio y a la mano de cualquier interesado en repetirlos. Ya se mide con diferente vara. A lo que opina  “la gente” se le considera mejor argumento (!). La gente que opina que a ellos les funcionó la homeopatía, no sabe si fue  que debido a ella se curaron, ya que no hay manera de demostrar que lo hicieron por otro motivo. Lo siento, tampoco sirve para mucho decir que fueron varios los casos que se presenciaron en donde hasta “desahuciados” se curaron. Para eso son necesarios los estudios con variables controladas, a triple ciego y en cantidades de individuos que razonablemente lleven a colegir que los resultados son extrapolables a la población general.
Los poderosos Laboratorios Boiron, sacan el argumento falaz de “si la gente lo pide es porque se están curando”, evadiendo la explicación del como y el porqué.

Tercero. Falacia post hoc ergo propter hoc, que es una expresión latina que significa «si sucede después de esto, entonces, es a consecuencia de esto».
Es también llamada correlación coincidente o causalidad falsa. Es un tipo de falacia que afirma o asume que si un acontecimiento sucede después de otro, el segundo es consecuencia del primero.. En este caso, está mezclada con la falacia ad antiquitatem (también llamada apelación a la tradición) que consiste en afirmar que si algo se ha venido haciendo o creyendo desde antiguo, entonces es que está bien o es verdadero o está bien.
En este caso, cuando se dice que “en cientos de años no ha dejado de ser utilizada” se llega a la falsa conclusión de que por ese motivo debe ser cierto que cura. Es como si, por el contrario, la medicina moderna se defendiera diciendo que debe de ser cierta, porque es más actual. Las verdadera causas por las que funcionan o no la medicina y la homeopatía, están en su modelo teórico, en su sustancia activa.
Pero es que la homeopatía no solo está mal en su idea (no ha demostrado que sea hecho) de que lo similar cura lo similar, usando dosis pequeñas (tan pequeñas que son inexistentes, por lo que se apegaron a la idea de que el agua tiene memoria, y de ahí la mención al artículo sobre las opiniones de Luc Montagnier), está también equivocada en la misma concepción de la enfermedad, de la biología, del conocimiento de la química, de la física y de la cantidad enorme de enfermedades que surgen por causas diferentes y no son atribuibles a sustancias, por lo que no se pueden curar por “algo similar”.

Cuarto. La deducción equivocada de que los estudios que se hacen “para desacreditar” a la homeopatía (en realidad se hacen para saber si funciona o no), llegan a conclusiones equivocadas debido a cuestiones económicas,  “ya que siendo una medicina muy económica, no puede competir directamente” es falsa.
Este razonamiento gratuito (y además acusando a la ciencia de hacer justamente lo que hacen los laboratorios de “medicamentos” homeópatas, que gastan millonadas en lobbys de gobiernos y universidades europeas) es incorrecto por varios motivos.
La “medicina” homeópata es carísima, si nos ponemos a pensar que es el azúcar más caro del planeta. Que los laboratorios que la producen no pagan estudios de investigación ni proponen avances teóricos en su “conocimiento” de técnicas y procedimientos, ni de causa de enfermedades, ni de química orgánica, ni de virus, bacterias o genética. Gastos que sí hacen los laboratorios que fabrican medicamentos basados en los conocimientos y avances de la medicina actual. Si algo saben de medicina y funcionamiento del cuerpo los homeópatas, es debido a los avances de la verdadera medicina.

Quinto. Me quiero referir con respeto en este quinto sinsentido. Cuando opina que su papá “de 78 años sale a las 12 de la noche a una consulta” habla muy bien de la encomiable disposición y profesionalismo de su señor padre, pero no es indicativo de que tenga razón en su juicio sobre lo que aprendió desde joven. No es argumento para decir que la homeopatía funciona. Lo mismo se desvelaban y se dejaban la vida todos aquellos que cuidaban a los enfermos basados en sangrías con sanguijuelas o en mercurio para la sífilis. Ellos también creían fervientemente en esos métodos, y sus pacientes viajaban kilómetros para ser atenidos por ellos. Más de uno mejoró creyendo que lo hacía con sus procedimientos… pero estaban equivocados. Por cierto, el hecho mismo de lo salvaje de esas prácticas llevó a Hanemann a buscar otras ideas, desfortunadamente no había conocimientos suficientes para dar con el clavo.

Sexto. Cuando dice que los estudios que “desacreditan a la homeopatía tienen fallas metodológicas”, no creo que se refiera a aquellos efectuados por especialistas en protocolos de investigación, en laboratorios y clínicas profesionales, hechos por instituciones de credibilidad intachable, con grupos de control y hechos con participantes a “doble y triple ciego”, para evitar falsos positivos o manejo interesado de resultados y que después son enviados a terceros para que sean revisados. Insisto, estos estudios son hechos para ver si funciona, y en que grado, no para demostrar que no lo hace. La ciencia no tiene un resultado previo ni busca confirmar una idea previa. Y después, se hacen los llamados meta-estudios, que son un estudio de varios estudios debidamente sopesados como consistentes. El último, la séptima revisión Cochrane  ―pocos expertos contradirían la opinión generalizada de que las revisiones Cochrane constituyen los análisis independientes más concienzudos y esmerados del haber científico y cuya credibilidad no se compara a quienes hacen estudios partiendo del supuesto de que la homeopatía funciona, y cayendo, por supuesto, en el sesgo de confirmación ― volvió a llegar a conclusiones parecidas a los anteriores. La homeopatía no funciona como medicina.
Existe una norma básica al momento de exigir pruebas: La carga de la prueba (quien está obligado a probar algo) reside en quien hace una aseveración que va contra lo establecido. Y mientras más extraordinaria sea la aseveración, mayor lo definitivo de la demostración. La aseveración de que el agua cura, debe ser probada más allá de la duda razonable.
Lo que sí es evidente es que los “medicamentos” homeopáticos no hacen pruebas de eficiencia de curación, como los múltiples y carísimos que están obligados a hacer los medicamentos reales. Lo homeopáticos se conforman con indicar que “son seguros” (claro, no tienen problema con eso, son lactosa y azúcar,sin principio activo), no que curan.

Ahora, pasemos al artículo sobre Luc Montagnier

Tres cosas evidentes en el artículo de periódico que se mostró:
-Dice Montagnier que el agua en moléculas de ADN tiene una carga electromagnética obtenida anteriormente a su interacción con él, no que el agua en general actúe así con otras moléculas, de eso se cuida Luc de no extender el fenómeno que dice haber descubierto.

-Que quienes lo interpretan desde el punto de vista homeopático son los homeópatas,no él.

-Que él le da el beneficio de la duda a la homeopatía basado (otra vez la burra al trigo) en que mucha gente muchos años la ha usado, y que algo ha de tener, olvidando que es un científico y que no puede llegar a conclusiones así de supinas.

Desde que Luc publicó su estudio en 2009, muchos científicos pusieron en duda sus conclusiones. Él lo minimiza diciendo que las ideas nuevas son rechazadas sistemáticamente, olvidando que para que sea creíble su hallazgo, otros (cualquiera) pueden llegar al mismo resultado, claro está, con exámenes controlados. No importa que cientos de gentes digan que está mal, simplemente si las evidencias son concluyentes, sería creíble. Por el momento no lo es.
Pongo unas reflexiones que en 2009 surgieron en los medios científicos:

“Si bien no afecta necesariamente la validez del estudio, sus detalles de publicación plantean algunas preocupaciones. No fue publicado en una revista establecida y respetada. Apareció en el primer volumen, el segundo número de una nueva revista, Interdisciplinary Sciences-Computational Life Sciences. El artículo no está escrito en el formato científico habitual: carece de secciones separadas para Métodos, Resultados, etc. Hay numerosos errores tipográficos y de lenguaje que deberían haber sido detectados por cualquier corrector de pruebas, incluso si los “revisores pares” (peer review) los omitieron. El editor en jefe está en Shanghai, y cuatro de los otros editores están en varias ciudades chinas, mientras que los otros dos tienen sede en los Estados Unidos pero tienen nombres en chino. Montagnier está en el consejo editorial. Dice que es revisado por pares (peer review), pero la velocidad del proceso es [por lo menos] preocupante: el artículo de Montagnier fue recibido el 3 de enero de 2009, revisado el 5 de enero de 2009 y aceptado el 6 de enero de 2009.”   (!)
Seguidamente, la misma autora de esa reflexión, explica las inconsistencias que llevaron a las conclusiones de Montagnier. (ver enlace al final de estos comentarios).

Aún más, el hallazgo que dice haber realizado Montagnier con su investigación es contrario a lo que postula la incipiente y mal armada “teoría” o modelo con el que los homeópatas tratan de explicar el funcionamiento de su entelequia. He aquí tres motivos…

  1. Por filtración, pudieron determinar el tamaño de partícula de los componentes que se asociaron con resultados positivos. Hubo partículas de ADN presentes, en contraste con altas diluciones homeopáticas donde no quedan moléculas de la sustancia original.
  2. La homeopatía postula los efectos en la mayoría de las diluciones, con efectos crecientes a medida que las diluciones se hacen mayores. En este estudio, no hubo efectos a bajas diluciones. Hubo una serie de efectos positivos a altas diluciones, pero el tamaño del efecto no aumentó progresivamente a medida que la dilución aumentaba. En las diluciones más altas, el efecto desapareció.
  3. Hablan de estructuras de agua y formaciones de polímeros, pero reconocen que estas asociaciones parecen ser de muy corta duración. En este estudio, encontraron que los efectos duraron varias horas, a veces hasta 48 horas, pero no más. Los remedios homeopáticos no se administran horas después de su preparación. Supuestamente permanecen efectivos por largos períodos. La mayoría de los homeópatas dicen que los remedios homeopáticos no requieren fechas de vencimiento y se mantendrán vigentes indefinidamente siempre que se almacenen adecuadamente.

Pero es que aún cuando Montaigner tuviera razón en su descubrimiento, esto no es ninguna razón que explique que la homeopatía funcione (!) Eso es brincarse olímpicamente las trancas. Aún suponiendo (sin conceder) que el agua tuviera esa memoria, la homeopatía no ha exlicado con un modelo teórico (siquiera) como es que “cura”. Tampoco ha explicado como es que el agua pierde su memoria, o como se sabe que se parte de un agua sin otras memorias, al hacer un “medicamento”. Sencillamente no se puede distinguir físicamente una agua con memoria de una sustancia de una sin memoria o con memoria de varias sustancias. ¿Cómo escoge un laboratorio el agua “sin pecados memoriosos”?

De todos modos, los hallazgos in vitro por sí mismos no pueden validar la homeopatía, incluso si pudieran demostrar que el agua puede recordar qué moléculas se diluyeron. Todavía tendrían que demostrar que tal memoria se tradujo en efectos terapéuticos específicos sobre la fisiología humana. La homeopatía es un sistema de tratamiento clínico que solo puede validarse mediante ensayos clínicos in vivo. Los homeópatas que creen que el estudio de Montagnier apoya la homeopatía solo están demostrando su enorme capacidad de autoengaño.

Pero por supuesto no soy yo quien lo dice. Los aspectos técnico-científicos los pueden leer en este artículo que salió cuando Luc Montagnier publicó su investigación:

The Montagnier “Homeopathy” Study

sobre los patinazos de los Nobel:
https://medtempus.com/archives/los-patinazos-de-los-nobel-de-ciencia-i/
y
https://medtempus.com/archives/los-patinazos-de-los-nobel-de-ciencia-ii/

Un reciente artículo sobre homeopatía dando más luz sobre lo aquí mencionado.
https://elpais.com/elpais/2018/03/06/eps/1520330139_815845.html?id_externo_rsoc=TW_CC

Dejo unas preguntitas referidas al avance de la homeopatía, en 200 años, tecnológico, de conceptualización del método de curación, de resultados espectaculares o de estudios y descubrimientos en síntomas, en causas de enfermedades, en microbioogía, etc. (como sin duda los ha tenido la medicina):

Cuando se inventó la homeopatía ¿se conocían las bacterias y los virus?
¿Cambió en algo la homeopatía después de enterarse de esto?
¿Tuvo que ver con su descubrimiento?
Nada

¿Conocían que la gripe es causada por virus que cambian con el tiempo y hay infinidad de cepas potenciales?
¿Cambió en algo la homeopatía después de enterarse de esto?
¿Tuvo que ver con su descubrimiento?
Nada

¿Se sabía que el cáncer es en realidad muchas enfermedades diversas con múltiples causas y síntomas?
¿Cambió en algo la homeopatía después de enterarse de esto?
¿Tuvo que ver con su descubrimiento?
Nada

¿Conocía algo del DNA y su aporte genético en ciertas enfermedades?
¿Cambió en algo la homeopatía después de enterarse de esto?
Nada

¿Se sabía de la epigenética?
¿Cambió en algo la homeopatía después de enterarse de esto?
¿Tuvo que ver con su descubrimiento?
Nada

y así ad nauseam…

 

 

 

 

 

44 Respuestas a creyentes en la “Medicina Alternativa”

Recientemente me enteré de que cierta facción del partido Morena (entiéndase que esta entrada no tiene visos políticos, ni me interesa hablar a favor o en contra de su candidato a la presidencia de México), hizo declaraciones apuntando a la peregrina idea de insertar el término “Medicina Alternativa” en la Ley General de Salud.
Twiteado por la cuenta “Tus Diputados Morena”.

Nuestro Diputado Roberto Cañedo Jiménez propuso insertar el término “medicina alternativa y complementaria” en la Ley General de Salud.

Semejante tontera que exhibe claramente la falta de asesoría científica del diputado, y tristemente refleja la idea que ha permeado en la población de que la “medicina alternativa” funciona.

Las razones que se aducen para la mentada inserción, son la falta de recursos para una medicina científica.

Cuba ya apostó en el pasado a esa práctica de usar en la isla a la homeopatía y a la acupuntura por razones de pobreza. Prefieren calmar al pueblo dando atole con el dedo. Simplemente no funciona.

México no está en las condiciones económicas como para actuar de esa manera. Se puede y se debe apoyar a la medicina científica dejando de lado las supersticiones y los paternalismos engañosos. A la larga, además de un retraso cultural, el remedio saldrá más caro aún.

Una ola de twiters denostando la medicina tradicional (científica) y endiosando a la herbolaria, la medicina natural, la homeopatía y “la sabiduría milenaria” surgieron inmediatamente como comentarios después de la nota.

Hace tiempo traduje una pieza de divulgación de la Dra. Harriet Hall hablando de los argumentos falaces que se suelen utilizar para denostar a la medicina científica. Ella responde sencillamente y con verdad a cuanta chorrada (aún si son dudas de buena fe no dejan de ser equívocos, malinterpretaciones o mentiras) se les ocurre para defender que la MA (medicina alternativa) funciona.

Valdría la pena difundir este artículo de la Hall para mitigar en algo la perniciosa idea del diputado, que va en contra de la razón, la lógica, el bien común y la ciencia en México.
He aquí el PDF eneste vínculo:

44_Respuestas_a_Creyentes_en_la_Medicina_Alternativa

o haciendo clic en esta foto

El universo en el bolsillo

Redshift 7, software de astronomía

Tengo una “aplicación” en mi celular y en mi computadora que me permite ver la posición de los astros en el cielo diurno o nocturno.

No solo eso, me permite ver en que posición estarán cualquier fecha que se me ocurra y calcula con precisión el momento de cualquier puesta de sol, cualquier amanecer o eclipse.

Sus virtudes no se quedan ahí, ya que me permite colocar mi punto de vista en cualquier parte de la tierra, así, puedo observar como se verá la luna el 19 de septiembre de 2617 DC o de 300 AC. desde cualquier montaña, valle o mar que haya existido o que llegaran a existir en esas fechas y puedo comparar sus posiciones.

Más sorprendente aún, es que, gracias a que sus cálculos son tridimensionales. Puedo colocar el punto de vista en cualquier punto del sistema solar y ver también todos los amaneceres, atardeceres, eclipses, ocultaciones, alineamientos etc. desde cualquier planeta o luna. Desde cualquier estrella puedo ver como se verá nuestro sol y puedo colocar un punto cualquiera en el espacio, si conozco sus coordenadas, así, puedo ver como se percibe la tierra desde la sonda Cassini o desde la Estación Espacial Internacional o desde cualquier satélite que el hombre haya lanzado.

Pero no es solo un programa que finja todo eso, no. Es un programa basado en un modelo preciso del universo conocido y que se comprueba día a día cada vez que amanece, cada vez que un avión vuela a algún punto terrestre basado en sus cálculos o un padre encuentra a su hijo en el lugar preciso que le marca su teléfono. Puedo escudriñar el cielo nocturno y coincidirá sin problema mi telescopio con cualquier punto que marque el programa. Y puedo colocar lentes para ver cielo profundo y coincidirán todas las nebulosas, galaxias, glóbulos estelares o nubes de polvo cósmico que me marque el aparatito. Está basado en un modelo armado con datos muy precisos y que funciona todos los días sin error y cuya exactitud permite visualizar en tercera dimensión el espacio que nos rodea y el entorno en el que nos movemos.

Si yo veo en mi telescopio a Saturno, la inclinación que se día presentan sus anillos, la posición de sus lunas, la sombra que genera el sol sobre el planeta y las estrellas y constelaciones que están atrás, coincide perfecta y pasmosamente con la aplicación. Cualquier día…por siglos…

Viéndolo desde el punto de vista de los logros humanos, tener un programa así en mi bolsa de la camisa es un hito de igual o mayor magnitud que la composición de la novena sinfonía beethoveniana o la construcción de una catedral. Quizás más impresionante.

Y eso me lleva a subrayar que todo el planteamiento actual de ese modelo tridimensional se funda en una amalgama de conocimientos que interactúan con margen error del orden de varios ceros después del punto.
Pensemos en estas fórmulas universales del comportamiento de la materia

El Universo en lenguaje científico

Todas ellas son una cúspide en nuestra concepción de la realidad, pero lo más importante es que ninguna de ellas contradice a las demás. Con ellas hemos formado lo que conocemos como “Modelo Standard” de la realidad, y es una aproximación (con algunas contradicciones en algunos puntos conceptuales finos,que no afectan su practicidad ni corrección en lo general,que son debidos al poco tiempo que hemos experimentado con los últimos datos confiables que hemos conseguido) impactantemente certera de como funciona “el mundo”, entendido como realidad material universal.

Me gustaría ver un software que funcione con la precisión del que estoy hablando, y que parta de la premisa errónea de que la tierra es plana y que los planetas son “estrellas errantes”, porque más que el programa que estoy comentando, me impresiona que a estas alturas del siglo xxi, y entre gente que ha pasado por la educación media, exista quien se le haga lógico pensar que es cierta esa teoría de campesinos incultos de hace 3 mil años “porque es mejor eso que el mito de que la tierra tiene cinco movimientos” (traslación, rotación, precesión, nutación y bamboleo). La existencia de estos ignaros urbanos es algo que en 60 años no había pensado como posible. Un foco rojo que indica lo bajo que ha caído el nivel cultural del país y que me embarga de tristeza.

Storm

Un poema rítmico de nueve minutos, de Tim Minchin . Versión en vivo (abajo la puse en animación) y subtitulada en español.

Mitchin es un cómico inglés que es conocido por su escepticismo.

De la wikipedia:

En una entrevista con el miembro del IIG John Rael, Minchin explica que lo que más le molesta de las creencias paranormales es el “alegato especial” por parte de las personas que afirman cosas vagas como “no hay daño en ello”. Minchin afirma que cosas como reiki pueden ser muy poco dañinas, pero se pregunta “¿Dónde trazas la línea?” cuando se trata de la necesidad de pruebas reales si una terapia funciona o no. 

En su poema del ‘beat’ Storm, que se centra en una discusión entre Minchin y una “hippie” que cree en diversas alternativas New Age en lugar de en la medicina de verdad, afirma: “La ciencia ajusta su visión tomando como base lo que se observa. La fe es el rechazo a la observación, de forma que dicha creencia se preserve.”

Aquí está la versión animada de su poema rítmico: