Prefacio

Calibán, por Franz Marc

El artista es el creador de Belleza.

Fin del arte: revelar el arte, ocultando al artista.

El crítico es aquel capaz de verter en un nuevo modo o una materia distinta la impresión que le dejan las cosas bellas.

Toda forma de critica -la más alta como la más baja- no es más que una especie de autobiografia.

Los que en las cosas bellas encuentran un significado feo están corrompidos y no son encantadores. Ello no es más que un defecto.

Los que en las cosas bellas encuentran un significado bello son entendimientos cultos. Para ellos aún hay esperanza.

Aquellos para quienes en las cosas bellas solo encuentran Belleza son los elegidos.

No hay libros morales mi inmorales. Los libros están bien o mal escritos. Sencillamente.

La aversión del siglo XIX por el Realismo es la rabia de Calibán al ver su propio rostro en un espejo.

La aversión del siglo XIX por el Romanticismo es la rabia de Calibán al no ver su rostro en un espejo.

Uno de los temas del artista es la vida moral del hombre; pero el arte sólo tiene una moral: la del uso perfecto de un medio imperfecto.

Ningún artista anhela demostrar nada. Hasta las verdades pueden ser demostradas.

Ningún artista siente simpatías éticas. La simpatía artística en un artista no es más que imperdonable amaneramiento del estilo.

Ningún artista es morboso. El artista puede expresarlo todo.

Para el artista, pensamiento y palabras no son más que instrumentos artísticos.

Vicio y virtud son para el artista materiales artísticos.

Desde el punto de vista de la forma, el arte del músico es el paradigma de todas las artes.

Desde el punto de vista del sentimiento, lo es el oficio de actor.

Todo arte es al mismo tiempo símbolo y superficie.

Los que van más allá de la superficie, lo hacen por cuenta y riesgo propios.

Los que leen el símbolo, lo hacen por cuenta y riesgo propios.

Que las opiniones sobre una obra de arte difieran, prueba que la obra es nueva, honda y vital.

Que los críticos se muestren desacordes, prueba que el artista está de acuerdo consigo mismo.

Podemos perdonar al hombre que hace una cosa útil, con tal de que no la admire. Lo único que puede absolvernos de hacer una cosa inútil es admirarla inmensamente.

Todo arte es absolutamente inútil.

Oscar Wilde

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